Desde su tumba, ella escuchaba las risas Y los pasos de los niños que jugaban en el cementerio, al principio pensó que era el viento o únicamente su imaginación pero luego escuchó voces llamándola por su nombre i Ven Daniela vamos a jugar!. La luna alumbraba su lapida, en ese momento ella no sabía lo que pasaba, todo a su alrededor era oscuro y frio, no recordaba nada de lo que había pasado, ella únicamente quería seguir jugando pero estaba atrapada dentro de esa prisión.

Todo por culpa de ese infeliz, que no pudo tener ni dos dedos de frente, para decidir no manejar estando embriagado; se llevo su inocencia, su risa y su infancia, apagando ese sueño de querer ser jugadora de fútbol, dejando desolados y con el corazón roto a sus padres independientemente ella seguía siendo la princesita de ellos y sin Importar lo que pasara la recordaría la recordarían.

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