MI DIABLO ES MI NAVAJA

Me llamo Jean Pool, y lo que vas a leer no es un invento. Todo empezó con las
peleas en mi casa, con los secretos sucios de mi cucha, escondidos detrás de una
puerta cerrada, y con decisiones que me arrastraron a lugares de los que casi
nadie vuelve.
No era la primera vez que discutíamos, pero esta vez fue distinto. Peleábamos por
todo. Nunca entendí si ella me tenía rabia o si yo era, como me lo repetía, un
estorbo. No tenía papá ni hermanos; siempre estuve solo. Mi mamá trabajaba en
la prostitución y, aunque en el colegio me iba bien, en la casa me esperaba un
infierno. Mis tíos estaban en la cana; tenían casetas de tinto o vendían drogas en
las calles.


Me gradué de once con las mejores notas, pero mi mamá no me dijo nada, ni
siquiera un “estoy orgullosa”. Ese día fue normal, como si no hubiera pasado
nada. Nadie fue a mi graduación salí del colegio y conocí a Stiven, un pelado
parecido a mí, pero con un camino más paila drogas, robos, muertes.
Me encontró llorando y me dijo:
-Oe, perrito, los hombres no lloran.
Yo le respondí que no fuera sapo, le conté mi historia y él solo me dijo que
aceptará la vida que me había tocado, porque luchar contra ella era perder el
tiempo. Esa tarde lo busqué otra vez. Lo encontré fumando bazuco y me ofreció
acepté por primera vez no sentí tristeza ni dolor, solo calma me gustó esa
sensación y quise repetirla.
Regresé a mi casa hacia las cinco mi cucha estaba borracha, no había comida
cociné arroz con huevo, comimos, y luego se fue a dormir como si nada, ese día
cumplía 18 años y nadie se acordó con el dolor intacto me fui a cambiar
completamente la vida, sin saber las consecuencias.
Nada fue fácil. Conocer a Stiven no sé si fue una ayuda o un cuchillo de doble filo
la primera noche que me quedé en la calle fue la peor de mi vida, estaba en el
centro, dormí al lado de la fuente que queda junto al Museo del Oro. No sé ni qué
horas eran cuando llegaron como cinco pelados a robarme me quitaron toda la
ropa, me sacaron cuchillo qué susto, me dio rabia porque era lo único que tenía.
De la nada, uno de ellos se quita la capucha y ja, era Stiven, Me dice

¿Jean Pool? ¡Uy socio, qué hace acá!
Obviamente le conté, y él me invitó dizque a la banda de él. Como no tenía nada
más, acepté. Me dijo
-Vamos a ver mujeres a la 19.
Fui. Cuando llegamos, Stiven me dice
-Ya vengo, voy a saludar a mi noviecita.
Pero cuando me doy cuenta la novia era mi mamá. No, no fue uno de los dolores
más fuertes de mi vida mi socio con mi mamá. Stiven me vio la cara que puse y
me preguntó
-Ve, ¿Qué le pasó?
Yo, lleno de rabia, le pegué un puño en la cara y le reventé la nariz. Él iba a darme
a mí cuando mi mamá se mete. Ahí fue cuando Stiven entendió un poco la
situación.
Me fui llorando, con solo diez lukas en el bolsillo. Solo Sin mi mamá, solo sin nadie
sin mi supuesto parcero.
Y ustedes sabes ¿Qué encuentra uno a las 12 de la noche en el centro? Droga,
trago y todo lo malo. Me fui, me trabé con un polvo blanco en envoltura rosada, ni
sabía qué era eso, pero me valió ocho mil pesos lo bueno era que me sentía
relajado, no sentía nada malo. Lo único que me perseguían eran los pensamientos
de mi mamá
¿La busco?
¿Me voy?
¿Me mato?
Pero usted sabe con la cabeza caliente, uno no piensa.
Ahí, en mi traba, conocí a Yordan, el pelado más buena gente y parchado, pero
malo él me enseñó a robar. Mi primera vez fue en un Transmilenio, hice el famoso
cosquilleo, y nos robamos como tres celulares. Pero él andaba en una banda, la
famosa “Los Diablos” si no les llevábamos lo que robáramos en el día, nos daban
muendas y nos dejaban sin comer.


Un día fui a la casa de mi madre a visitarla. Le golpeé la puerta como treinta
minutos y nadie me abría. Rompí la ventana y cuando entré a esa maldita
habitación encontré a mi mamá muerta, ya en proceso de descomposición se me
derrumbó completamente la vida no podía llamar a la policía porque me estaban
buscando, entonces la enterré en el patio de la casa. Yo solo quería venganza. Empecé a amenazar a los celadores para que me dejaran ver las cámaras el último en salir fue Stiven mi corazón se llenó de rencor
porque, aunque ella no fuera buena conmigo, era mi mamá.
Encontré a Stiven supuestamente lo invité a tomar un café, pero con mis 25 años,
yo Jean Pool, lo descuarticé y lo boté en esa fuente no todo era tan fácil él tenía
sus contactos lo malo era que el líder de mi banda era el hermano de Stiven.
Asustado, le conté la vuelta a Yordan, pero él abrió la boca y le contó al líder. Me
tuve que volar y empecé mi nueva vida el líder me encontró y se me mandó con
un cuchillo a pegármelas mi diablo era mi navaja se las pegué primero.
La gente empezó a gritar

¡Lo mató, lo mató!
No alcancé a correr me agarró la tomba. Me dieron 13 años de cárcel, y llevo
hasta ahora 2, con 27 años estoy arrepentido de mis decisiones y acciones.
Me llamo Jean Pool, y lo que vas a leer no es invento mi vida estuvo marcada por
peleas, traiciones y calles frías que me arrastraron a drogas y delitos busqué
alegrías, cariño donde solo había dolor, y terminé perdiéndolo todo hoy comprendo
que cada decisión pesa la calle lo cobra con lágrimas, sangre y libertad.

  • Karol Herrera

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